Estadistica en fenomenos naturales y procesos sociales

Estadistica en fenomenos naturales y procesos sociales

Informe mundial sobre riesgos 2019

El uso de los medios sociales para la comunicación de desastres se remonta al menos al terremoto de Haití de 2010, durante el cual los medios sociales mantuvieron informada a la población de todo el mundo [7]. Las pruebas también sugieren que el terremoto de Haití catalizó nuevos mecanismos de comunicación sobre desastres, como la difusión de información y la financiación colectiva a través de los medios sociales [8,9]. Desde entonces, ha habido un creciente y muy reciente enfoque, tanto aplicado como académico, en la comprensión de cómo los medios de comunicación social se utilizan en tiempos de desastres y las formas en que pueden ser aprovechados para la preparación de desastres y la mejora de las respuestas [10]. En la actualidad, los medios sociales son utilizados por diversas partes durante las catástrofes, como las comunidades, los gobiernos, los individuos, las organizaciones y los medios de comunicación, y para más de una docena de fines de comunicación distintos [11].
A pesar de que la investigación se centra cada vez más en el uso de los medios de comunicación social durante las crisis, siguen existiendo muchas lagunas en nuestra comprensión de la cuestión, especialmente en la comparación del uso de los medios de comunicación en diferentes tipos de catástrofes. En Estados Unidos, la mayoría de las investigaciones existentes se centran en un solo suceso, por ejemplo, el huracán Sandy-[16,19,22], aunque gran parte del enfoque inicial de este tema se produjo tras el terremoto de Haití-[7-9]. También se han estudiado otros peligros, como los tornados de Alabama [13] y las inundaciones [20]. Es importante destacar que las catástrofes naturales varían en cuanto a su previsibilidad. Por ejemplo, las trayectorias de los huracanes suelen ser predecibles hasta con una semana de antelación, mientras que los tornados suelen preverse sólo con 15 minutos de antelación, y los terremotos aún menos. Esto sugiere que quién, cuándo e incluso por qué se comunica la gente durante los distintos tipos de catástrofes puede variar y tener importantes implicaciones para la preparación, la seguridad y la recuperación de las catástrofes en el futuro.

Ciclón tropical

Este documento analiza las bases de la teoría en la evaluación de la vulnerabilidad social a los desastres. Se demuestra que la vulnerabilidad es el componente vital del riesgo y el elemento principal de los impactos de los desastres. La percepción es un proceso clave en la toma de decisiones en los desastres. Se ve afectada por la cultura y el simbolismo, que se analizan en el contexto del riesgo de catástrofes. Se utiliza un modelo de metamorfosis cultural para explicar los cambios y discrepancias en las actitudes ante las catástrofes y los procesos de recuperación. Se analiza la respuesta al terremoto de L’Aquila (Italia central) del 6 de abril de 2009 como ejemplo de los procesos de metamorfosis cultural e interpretación simbólica de las catástrofes. En la respuesta influyeron tanto los rasgos culturales modernos como los heredados, que pueden identificarse y analizarse para explicar las reacciones del público ante el suceso. Se propone un nuevo modelo en el que la cultura y la historia se combinan con los peligros físicos para influir en la vulnerabilidad.
2Como resultado de estos factores, los primeros años del nuevo milenio son un periodo de intenso cambio en las formas en que la humanidad entiende, interpreta y convive con los desastres. Desde 1970 se ha producido una creciente divergencia en el proceso de acumulación de riqueza entre la minoría de ricos y la mayoría de pobres (Massey, 1996). Aunque la pobreza y la vulnerabilidad a las catástrofes no son perfectamente sinónimos, casi lo son, y a la inversa, la riqueza puede equipararse a la protección y la seguridad. Sin embargo, este simple equilibrio no reduce la posibilidad de que se produzcan pérdidas financieras masivas en las zonas en las que se concentran tanto las amenazas como el capital físico.

Informe sobre el índice de riesgo mundial 2020

Un peligro es un proceso, un fenómeno o una actividad humana que puede causar la pérdida de vidas, lesiones u otros impactos en la salud, daños a la propiedad, trastornos sociales y económicos o degradación del medio ambiente. Las amenazas pueden ser de origen natural, antropogénico o socionatural.
Los peligros suelen clasificarse en función de si son naturales (a veces denominados físicos) o tecnológicos (a veces denominados artificiales o inducidos por el hombre). A veces se utiliza el término «riesgo» en lugar de peligro, sobre todo en el sector de los seguros.
Los sucesos naturales (o físicos) sólo se denominan peligros cuando tienen el potencial de dañar a las personas o causar daños a la propiedad y trastornos sociales y económicos. La localización de los peligros naturales depende principalmente de los procesos naturales, como el movimiento de las placas tectónicas, la influencia de los sistemas meteorológicos y la existencia de cursos de agua y pendientes (por ejemplo, que puedan generar desprendimientos). Pero procesos como la urbanización, la degradación del medio ambiente y el cambio climático también pueden influir en la localización, la ocurrencia (frecuencia) y la intensidad de los peligros naturales. Estos procesos se conocen como impulsores del riesgo.

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ResumenAunque las definiciones conceptuales proporcionan una base para el estudio de los desastres y sus impactos, el desafío para los investigadores y profesionales por igual ha sido desarrollar medidas objetivas y rigurosas de resiliencia que sean generalizables y escalables, teniendo en cuenta la dinámica espacio-temporal en la respuesta y la recuperación de las comunidades localizadas. En este trabajo, analizamos los patrones de movilidad de más de 800.000 dispositivos móviles anónimos en Houston, Texas, que representan aproximadamente el 35% de la población local, en respuesta al huracán Harvey en 2017. Utilizando los cambios en el comportamiento de movilidad antes, durante y después del desastre, definimos empíricamente la capacidad de resiliencia de la comunidad en función de la magnitud del impacto y el tiempo de recuperación. En general, encontramos claras disparidades socioeconómicas y raciales en la capacidad de resiliencia y los patrones de evacuación. Nuestro trabajo proporciona una nueva visión de la respuesta conductual a las catástrofes y sienta las bases para la toma de decisiones del sector público basadas en datos que prioricen la asignación equitativa de recursos a los barrios vulnerables.

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