Cuadro comparativo modos de produccion

Modo de producción

Los colaboradores de este volumen explican cómo los arqueólogos pueden utilizar el concepto de modo de producción de Karl Marx y Federico Engels para estudiar las pautas a largo plazo de la sociedad humana. El análisis del modo de producción describe cómo se organiza el trabajo para crear un excedente que luego se utiliza con fines políticos. Este tipo de análisis permite a los arqueólogos comparar y contrastar pueblos de distintos continentes y épocas, desde los grupos de cazadores-recolectores hasta los primeros agricultores y los estados-nación. Al presentar una serie de perspectivas diferentes de investigadores que trabajan en una amplia variedad de sociedades y períodos de tiempo, este volumen demuestra claramente por qué el materialismo histórico es importante para el campo de la arqueología.
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El modo de producción capitalista

En los escritos de Karl Marx y la teoría marxista del materialismo histórico, un modo de producción (en alemán: Produktionsweise, que significa «la forma de producir») es una combinación específica de lo siguiente:
Marx consideraba que la capacidad productiva y la participación en las relaciones sociales son dos características esenciales de la reproducción social y que la modalidad particular de estas relaciones en la producción capitalista está intrínsecamente en conflicto con el desarrollo creciente de las capacidades productivas humanas[1].
Un precursor de este concepto fue el concepto de modo de subsistencia de Adam Smith, que delineaba una progresión de tipos de sociedad basada en la forma en que los miembros de la sociedad satisfacían sus necesidades básicas[2].
Sobre la base de la teoría del desarrollo humano en cuatro etapas de la Ilustración escocesa – sociedades cazadoras/pastoriles/agrícolas/comerciales, cada una con sus propias características socioculturales[3] – Marx articuló el concepto de modo de producción: «El modo de producción en la vida material determina el carácter general de los procesos sociales, políticos y espirituales de la vida»[4].

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ResumenEste artículo, escrito por invitación de los editores de Comparative Migration Studies, pretende ser una pieza de provocación para los comentaristas invitados, y más ampliamente para aquellos que trabajan con, o se preocupan por, el campo de la investigación de la integración de los inmigrantes. En él se expone un argumento presentado en Imagined Societies. A Critique of Immigrant Integration in Western Europe (Cambridge University Press, 2017) que 1) critica la investigación sobre la integración de los inmigrantes por su mal (o nulo) trabajo conceptual, específicamente también en lo que respecta a la noción sociológica central de «sociedad»; 2) argumenta que el seguimiento de la integración de los inmigrantes es una forma neocolonial de conocimiento intrínsecamente ligada al funcionamiento contemporáneo del poder, y 3) propone que las ciencias sociales vayan más allá de las nociones de «integración de los inmigrantes» y «sociedad» hacia una imaginación a contracorriente que implique prestar la debida atención a lo que ocurre cuando los inmigrantes se mueven a través de las ecologías sociales, sin recurrir a categorías de sentido común y/o políticas al hacerlo.

Modo de producción

Las sociedades de forrajeo también se caracterizan por (1) la propiedad colectiva de los medios primarios de producción, (2) menores índices de dominación social y (3) el reparto. Por ejemplo, los Dobe Ju/’hoansi (también conocidos como !Kung), una sociedad de aproximadamente 45.000 personas que viven en el desierto de Kalahari de Botsuana y Namibia, suelen vivir en pequeños grupos formados por hermanos de ambos sexos, sus cónyuges e hijos. Todos viven en un único campamento y se desplazan juntos durante parte del año. Normalmente, las mujeres recogen alimentos vegetales y los hombres cazan para obtener carne. Estos recursos se ponen en común dentro de los grupos familiares y se distribuyen en redes de parentesco más amplias cuando es necesario. Sin embargo, las mujeres también matan animales cuando se les presenta la oportunidad, y los hombres dedican tiempo a la recolección de alimentos vegetales, incluso cuando cazan.
Como se ha comentado en el capítulo sobre el matrimonio y la familia, las relaciones de parentesco están determinadas por la cultura, no por la biología. Curiosamente, además del parentesco genealógico, los Dobe Ju/’hoansi reconocen las relaciones de parentesco sobre la base de los nombres vinculados al género; hay relativamente pocos nombres, y en esta sociedad la posesión de nombres comunes triunfa sobre los vínculos genealógicos. Esto significa que un individuo llamaría «padre» a cualquiera con el nombre de su padre. Los Dobe Ju/’hoansi tienen un tercer sistema de parentesco que se basa en el principio de que una persona mayor determina los términos de parentesco que se utilizarán en relación con otro individuo (así, por ejemplo, una mujer mayor puede referirse a un varón joven como su sobrino o nieto, creando así una relación de parentesco). El efecto de estos tres sistemas de parentesco simultáneos es que prácticamente todo el mundo es pariente en la sociedad ju/’hoansi, tanto los que están biológicamente relacionados como los que no. Estas creencias y los comportamientos que inspiran refuerzan los elementos clave del modo de producción doméstico: la propiedad colectiva, los bajos niveles de dominación social y el compartir.

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