Oracion de la santisima trinidad

Oracion de la santisima trinidad

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La Santísima Trinidad es el término utilizado para denotar que Dios, que es un ser único, existe como Tres Personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, distintas entre sí. El término actual “Trinidad” se encuentra por primera vez alrededor del año 180 d.C. cuando Teófilo de Antioquía habla de “la Trinidad de Dios, Su Palabra y Su Sabiduría”.
A lo largo de la Escritura, las Tres Personas se mencionan con mayor frecuencia por separado. Por ejemplo, Jesús se refiere a Su relación con Su Padre en el Libro de Mateo: “Todo me ha sido dado por Mi Padre. Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo”. Jesús, Dios Hijo, promete después enviar al Espíritu Santo. Después de su resurrección, el Hijo de Dios dice a sus discípulos: “…Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones. Bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
San Juan expresa la unidad de la obra del Padre y del Hijo: “Porque todo lo que hace el Padre, lo hace también el Hijo”. Continúa explicando todas las obras que el Padre comparte con el Hijo y expresa su unidad: “El Padre y yo somos uno”. En cuanto al Espíritu Santo, Jesús dice: “Pero cuando venga, siendo el Espíritu de la Verdad, os guiará a toda la Verdad. No hablará por su cuenta, sino que hablará sólo lo que oiga”.

Comentarios

Santa Isabel de la Trinidad, monja carmelita descalza e hija fiel de Santa Teresa, fue conducida a lo largo de su corta vida a una profunda e intensa conciencia de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma humana. Consumida por este conocimiento y experiencia del Dios que habitaba en ella, Santa Isabel, en el plan providencial de Dios en beneficio de la Iglesia, del Carmelo y de todos los hijos e hijas de Dios, dejó escrita una breve serie de manuscritos donde describe la obra de Dios en su alma. Tomó conciencia de la misión particular que le correspondía: “Pienso que en el Cielo mi misión será atraer a las almas ayudándolas a salir de sí mismas para aferrarse a Dios con un movimiento totalmente sencillo y amoroso, y mantenerlas en este gran silencio interior que permitirá a Dios comunicarse con ellas y transformarlas en Él”. Podemos encontrar en sus escritos, tres cosas necesarias para recorrer el camino interior que lleva a ese lugar dentro de nuestra alma donde no encontramos nada más que a Dios solo: Por la intercesión de Santa Isabel, ¡que Dios aumente en nosotros estas disposiciones necesarias y nos lleve siempre adelante en el camino hacia Aquel que sabemos que nos ama!

Ave maría

La tradición católica romana incluye oraciones y devociones específicas como Actos de Reparación por insultos y blasfemias contra la Santísima Trinidad y el Santísimo Sacramento. También existen oraciones similares como Actos de Reparación a la Virgen María y Actos de Reparación a Jesucristo.
Esta oración se basa en las apariciones de Nuestra Señora de Fátima en el siglo XX, y se atribuye a un ángel que se apareció a los videntes[1][2]. Las apariciones de Fátima han sido aprobadas por la Santa Iglesia Católica, por lo que se consideran dignas de creer.
En la tradición católica, San Miguel es el príncipe de la Iglesia de Jesucristo y también el defensor de Israel. Habiendo revelado la Coronilla de San Miguel a una monja portuguesa en el siglo XVIII, se suele asociar a San Miguel como el ángel que preparó a los niños pastores para la visita de la Santísima Madre de Dios en Fátima, y por ello se le atribuye la oración
Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente. Te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. Por los infinitos méritos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María suplico la conversión de los pobres pecadores.

Gloria patri

Para comprender, experimentar y ofrecer la Divina Misericordia de Dios, primero debemos adorar a la Santísima Trinidad. Si pudiéramos vislumbrar tan sólo un atisbo de la verdadera adoración a la Santísima Trinidad, nos quedaríamos sin palabras, en silencio, sobrecogidos de paz, satisfacción y alegría (Ver Diario #5).
¡Oh, Dios eterno! ¡Oh Trinidad Eterna! Por la unión de tu naturaleza divina has hecho tan preciosa la sangre de tu Hijo unigénito. Oh Trinidad eterna, Tú eres un misterio tan profundo como el mar, en el que cuanto más busco, más encuentro; y cuanto más encuentro, más busco. Porque incluso sumergida en las profundidades de Ti, mi alma nunca está satisfecha, siempre hambrienta y hambrienta de Ti, Trinidad eterna, deseando y deseando verte a Ti, la Verdadera Luz.
Oh Trinidad eterna, con la luz del entendimiento he saboreado y visto las profundidades de Tu misterio y la belleza de Tu creación. Al verme en Ti, he visto que llegaré a ser como Tú.

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