Cuento del canario las pinzas y los tres muertos resumen

Historia de dos ciudades libro 3, capítulo 11

Especies de Quercus: los robles vivos de la costa, los robles del valle y los robles negros de la costa occidental. El roble blanco del este y el roble castaño, en el este, donde crecí. Especies de Acer: el arce azucarero, en particular. Los colores otoñales y el sabor del jarabe fresco son las huellas de mi infancia. Pero el Callitropsis nootkatensis -el cedro de Alaska o el cedro amarillo (en realidad un ciprés emparentado con la secuoya gigante)- es la especie que más me obsesiona. Sus ramas se inclinan, su follaje es plano y su madera es dorada y de grano grueso. Son milagrosos en su forma, escurridizos en toda su área de distribución. Me atrajeron por primera vez porque están muriendo en nuestro mundo que se calienta2.
En un armario de casa, tres grandes cajas guardan una docena de diarios de notas de campo y cientos de hojas de datos. Las páginas de Rite in the Rain contienen miles de observaciones de árboles de la costa exterior del sureste de Alaska; las otras detallan información de fondo sobre las personas que entrevisté.
Unas notas meticulosas describen los árboles que encontré, pero el único registro que tengo de la investigación de Greg Streveler es mi memoria. He buscado en mis diarios y en mis cuentas de correo electrónico la correspondencia pertinente, comprobando si documenté algo, cualquier cosa, en su momento. He reproducido la grabación de audio de mi entrevista con él, preguntándome si por casualidad la dejé en marcha cuando siguió hablando. No lo hice.

Historia de dos ciudades libro 3, capítulo 10

yen n. 1. (Tres años antes) en el trabajo, Alyson sopló las cuatro velas de su tarta de cumpleaños forti- taria. “¿Tienes cuatro años? Pareces mayor, Srta. Alyson. ¿Tienes cuatro años? Parece mayor, señora Alyson…”, repetía Danny una y otra vez, lo que parecían cincuenta veces. Danny era un autista que vivía en Voices, la residencia asistida de Nueva York que Alyson codirigía. Estaba obsesionado con dos cosas: Alyson y su diccionario Webster. Los residentes de Voices no podían elegir la vida cerrada que llevaban, lo que no les molestaba lo más mínimo, ya que la mayor parte de su vida la vivían internamente. Un residente jugueteaba con el cordón de su sombrero de fiesta. “¿Qué has deseado?”, preguntó. Alyson mintió: “He deseado volver a tener cuatro años”. Lo que realmente deseaba era lo mismo que llevaba deseando veinte años: estar delgada. Después del trabajo, en su tercer piso del Upper East Side, Rip había dejado un mensaje. “Feliz cumpleaños, Ally Wally”. Nunca lo olvidó. “Por favor, llámame esta vez. Por favor”. Se imaginó a Rip en su elegante despacho de Beacon Hill: el pelo repeinado hacia atrás, los tirantes rojo sangre sobre una virginal camisa de vestir blanca. Alyson comió de su caja de tarta de cumpleaños de pie. En eso se había convertido su vida: en estar de pie mientras comía, en no devolver las llamadas telefónicas.

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UNA NIÑA estaba sentada cosiendo y llorando en un asiento del jardín. Tenía un cabello rubio y flotante, que la brisa le llevaba a los ojos, y entre la nube de pelo y el vaho de las lágrimas, no podía ver muy bien su trabajo. Sin embargo, no se ató los mechones ni se secó los ojos, porque cuando uno se siente miserable, puede estarlo por completo.
El doctor era un hombre alto y corpulento, con el pelo negro como las plumas de los cuervos en la parte superior y gris en la inferior, y una barba espesa. Cuando era joven, había sido delgado y guapo, con unos ojos maravillosos, que seguían siendo maravillosos; pero de eso hace ya muchos años. Sentía un gran amor por los niños, y éste era un amigo suyo en particular.
“Vaya, entonces hubo un giro regular de los juguetes”, explicó, “y todos están en un lío regular. Ya sabes, siempre vamos hasta el último minuto, y luego las cosas se amontonan de cualquier manera. Mary y yo los ordenamos una o dos veces; pero los chicos nunca guardan nada, ya sabes, así que ¿de qué sirve?”
“¡Oh, no!”, respondió ella. “No los metemos en broncas, a no ser que sean muy provocadores; pero algunas de las cosas eran suyas, así que se mandó llamar a todo el mundo, y a mí me enviaron a terminar esto, y todos están ordenando. No sé cuándo estará terminado, porque tengo todo este lado para hacer dobladillos; y la caja del soldado está rota, y Noé se ha perdido del Arca de Noé, y también uno de los elefantes y un conejillo de indias, y también la nariz del caballo balancín; y nadie sabe qué ha sido de Rutlandshire y del Wash, pero son tan pequeños, que no me extraña; sólo que Norteamérica y Europa también han desaparecido.”

Capítulo 15 libro 3 historia de dos ciudades

(ARCHIVO) En esta foto de archivo tomada el 23 de noviembre de 2020 Un migrante llega al Puerto de Arguineguín tras ser rescatado por la guardia costera española en la isla canaria de Gran Canaria el 23 de noviembre de 2020. – Una niña de dos años procedente de Malí que tuvo que ser reanimada tras ser rescatada de una embarcación repleta de migrantes frente a las Islas Canarias españolas la semana pasada murió el 21 de marzo de 2021 en el hospital, según informaron las autoridades locales. La niña era una de los 52 subsaharianos encontrados el martes a bordo de una embarcación cerca de la isla de Gran Canaria que fueron trasladados por el servicio de salvamento marítimo español al puerto de Arguineguín. (Foto de DESIREE MARTIN / AFP)
La ruta del Atlántico es notoriamente peligrosa debido a las fortísimas corrientes, y los barcos suelen ir abarrotados y en muy mal estado. Al menos 1.851 personas murieron en la ruta el año pasado, según Caminando Fronteras, que vigila los flujos migratorios.
En 2020, 23.023 migrantes llegaron a Canarias, una cifra ocho veces superior a la de 2019, pero este año las cifras son el doble, con 2.580 llegadas de migrantes entre el 1 de enero y el 15 de marzo, según las cifras oficiales.

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