Cuento del canario las pinzas y los tres muertos

Joe bonanno jr.

Por supuesto que sabía -nadie mejor que él- que no tenía ni una mínima posibilidad, que no tenía ni una sola posibilidad. La sola idea de tal cosa era absurda. Tan absurda que entendería perfectamente que su padre… bueno, lo que su padre decidiera hacer lo entendería perfectamente. De hecho, nada menos que la desesperación, nada menos que el hecho de que aquel fuera positivamente su último día en Inglaterra durante Dios sabe cuánto tiempo, le habría hecho caer en la cuenta. E incluso ahora… Escogió una corbata de la cómoda, una corbata de cuadros azul y crema, y se sentó a un lado de la cama. Suponiendo que ella respondiera: “¡Qué impertinencia!”, ¿se sorprendería? En absoluto, decidió, subiendo su suave cuello y bajándolo sobre la corbata. Esperaba que ella dijera algo así. No veía, si miraba el asunto con total sobriedad, qué otra cosa podía decir ella.
¡Aquí estaba! Y, nervioso, se hizo un moño frente al espejo, se atusó el pelo con ambas manos y sacó las solapas de los bolsillos de la chaqueta. Ganando entre 500 y 600 libras al año en una granja de frutas en -de todos los lugares- Rodesia. Sin capital. Ni un centavo para él. No hay posibilidad de que sus ingresos aumenten durante al menos cuatro años. En cuanto a

Familia criminal bonanno 2021

1Cuando era pequeño había un reloj de cuco en el pasillo frente a mi habitación. Le tenía mucho cariño y nunca me cansaba de escucharlo. Una noche, sin embargo, el querido reloj me jugó una mala pasada. Me despertó de un profundo sueño un sonido sordo y me asusté al escuchar en la quietud de la noche once gritos aterradores. Búhos chillones, pensé, y los gritos de los búhos chillones significan la muerte. Me asusté mucho y empecé a gritar y a pedir ayuda, pero nadie me oyó. Me invadió un horrible sentimiento de desesperación: todos los habitantes de la casa, del pueblecito, del mundo entero, estaban muertos, y yo me había quedado sola en un mundo de muertos. Recordando ahora aquellos días de la infancia, me viene a la memoria aquella noche espeluznante en la que mi amigo el cuco profetizó la muerte de un mundo. El mundo en el que crecí está muerto. Aunque muchos de sus antiguos habitantes sigan vivos, la antigua frivolidad refinada y de gran espíritu ha desaparecido, al igual que el desprecio por el dinero y la prepotencia natural y no meditada con la que se trataba a la gente de clase media, incluso cuando eran millonarios.

La familia del crimen bonanno hoy

UNA NIÑA estaba sentada cosiendo y llorando en un asiento del jardín. Tenía un cabello rubio y flotante, que la brisa le llevaba a los ojos, y entre la nube de pelo y el vaho de las lágrimas, no podía ver muy bien su trabajo. Sin embargo, no se ató los mechones ni se secó los ojos, porque cuando uno se siente miserable, puede estarlo por completo.
El doctor era un hombre alto y corpulento, con el pelo negro como las plumas de los cuervos en la parte superior y gris en la inferior, y una barba espesa. Cuando era joven, había sido delgado y guapo, con unos ojos maravillosos, que seguían siendo maravillosos; pero de eso hace ya muchos años. Sentía un gran amor por los niños, y éste era un amigo suyo en particular.
“Vaya, entonces hubo un giro regular de los juguetes”, explicó, “y todos están en un lío regular. Ya sabes, siempre vamos hasta el último minuto, y luego las cosas se amontonan de cualquier manera. Mary y yo los ordenamos una o dos veces; pero los chicos nunca guardan nada, ya sabes, así que ¿de qué sirve?”
“¡Oh, no!”, respondió ella. “No los metemos en broncas, a no ser que sean muy provocadores; pero algunas de las cosas eran suyas, así que se mandó llamar a todo el mundo, y a mí me enviaron a terminar esto, y todos están ordenando. No sé cuándo estará terminado, porque tengo todo este lado para hacer dobladillos; y la caja del soldado está rota, y Noé se ha perdido del Arca de Noé, y también uno de los elefantes y un conejillo de indias, y también la nariz del caballo balancín; y nadie sabe qué ha sido de Rutlandshire y del Wash, pero son tan pequeños, que no me extraña; sólo que Norteamérica y Europa también han desaparecido.”

Árbol genealógico de los bonanno

(ARCHIVO) En esta foto de archivo tomada el 23 de noviembre de 2020 Un migrante llega al Puerto de Arguineguín tras ser rescatado por la guardia costera española en la isla canaria de Gran Canaria el 23 de noviembre de 2020. – Una niña de dos años procedente de Malí que tuvo que ser reanimada tras ser rescatada de una embarcación repleta de migrantes frente a las Islas Canarias españolas la semana pasada murió el 21 de marzo de 2021 en el hospital, según informaron las autoridades locales. La niña era una de los 52 subsaharianos encontrados el martes a bordo de una embarcación cerca de la isla de Gran Canaria que fueron trasladados por el servicio de salvamento marítimo español al puerto de Arguineguín. (Foto de DESIREE MARTIN / AFP)
La ruta del Atlántico es notoriamente peligrosa debido a las fortísimas corrientes, y los barcos suelen ir abarrotados y en muy mal estado. Al menos 1.851 personas murieron en la ruta el año pasado, según Caminando Fronteras, que vigila los flujos migratorios.
En 2020, 23.023 migrantes llegaron a Canarias, una cifra ocho veces superior a la de 2019, pero este año las cifras son el doble, con 2.580 llegadas de migrantes entre el 1 de enero y el 15 de marzo, según las cifras oficiales.

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