Historia natural de la enfermedad hipertension

Historia natural de la enfermedad hipertension

Cuáles son los subtipos de hipertensión

La historia natural de la hipertensión, representada de forma simplificada en la figura 4-1, comienza cuando alguna combinación de factores hereditarios y ambientales pone en marcha perturbaciones transitorias pero repetitivas de la homeostasis cardiovascular (prehipertensión), no lo suficiente como para elevar la presión arterial (PA) a niveles definidos como anormales, pero sí para iniciar la cascada que, a lo largo de muchos años, conduce a PA que suelen ser elevadas (hipertensión temprana). Algunas personas, ayudadas por cambios en el estilo de vida, pueden abortar el proceso y volver a la normotensión. La mayoría, sin embargo, progresa hacia una hipertensión establecida que, al persistir, puede inducir una serie de complicaciones identificables como daños en los órganos diana y enfermedades.
Como se señaló en el capítulo 1, cuanto más alta sea la PA y más tiempo permanezca elevada, mayor será la morbilidad y la mortalidad. Aunque algunos pacientes con una PA marcadamente elevada y no tratada nunca tienen problemas, no tenemos forma de identificar con exactitud y por adelantado a los que tendrán un curso sin complicaciones, a los pocos que entrarán en una fase de progresión rápida y acelerada, y a los muchos que desarrollarán más lenta pero progresivamente complicaciones cardiovasculares. Incluso sin esa previsión, a medida que la PA y otros factores de riesgo se tratan cada vez más, las tasas de morbilidad y mortalidad relacionadas con la hipertensión han disminuido (Go et al., 2013). Las pruebas de estos cambios se presentan en el capítulo 5 y los métodos para conseguirlos en los capítulos 6 y 7.

Hipertensión sistólica aislada

Históricamente, el tratamiento de la llamada «enfermedad del pulso duro» consistía en reducir la cantidad de sangre mediante la sangría o la aplicación de sanguijuelas[1], algo que preconizaban El Emperador Amarillo de China, Cornelio Celso, Galeno e Hipócrates[1].
A finales del siglo XIX y a principios y mediados del XX, se utilizaron muchas terapias para tratar la hipertensión,[22][23] pero pocas eran eficaces,[24][23] y éstas eran mal toleradas[25][26] Las terapias utilizadas en ese periodo incluían la restricción estricta de sodio (por ejemplo, la dieta del arroz[1]),[27] la simpatectomía (ablación quirúrgica de partes del sistema nervioso simpático),[27] y la terapia con pirógenos (inyección de sustancias que provocaban fiebre, reduciendo indirectamente la presión arterial). [En 1900 se utilizó el primer producto químico para la hipertensión, el tiocianato de sodio, pero tenía muchos efectos secundarios[24] y no era popular[1] Otros tratamientos, como los barbitúricos, el bismuto y los bromuros, eran principalmente de apoyo más que terapéuticos. [Después de la Segunda Guerra Mundial se utilizaron otros fármacos, de los cuales los más populares y razonablemente eficaces fueron el cloruro de tetrametilamonio y su derivado el hexametonio[28]. También se utilizaron en la posguerra la hidralazina[29] y la reserpina (derivada de la planta medicinal Rauvolfia serpentina)[30].

Los 3 estadios de la hipertensión

La presentación de la nueva Guía de Hipertensión Arterial de 2017 en las Sesiones Científicas de la AHA en Anaheim (véase el artículo de portada) nos lleva a echar un vistazo a la historia de la hipertensión. Después de todo, Confucio dijo: «Estudia el pasado si quieres definir el futuro».
El conocimiento de los aspectos clínicos de la hipertensión se remonta a la antigüedad. El Clásico de Medicina Interna del Emperador Amarillo chino (2600 a.C.) señalaba: «…Si se utiliza demasiada sal en la sangre, el pulso se endurece». El tratamiento de la «enfermedad del pulso duro» en la antigüedad incluía la acupuntura, la venesección y el sangrado con sanguijuelas. La relación entre la palpación del pulso y el desarrollo de afecciones cardíacas y cerebrales fue descrita por los médicos del antiguo Egipto en el Papiro de Ebers (1550 a.C.).
Con posterioridad, William Harvey describió por primera vez la circulación de la sangre en su libro Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus (Sobre el movimiento del corazón y la sangre) en 1628. Fue en 1733 cuando el clérigo inglés Stephen Hales inventó un manómetro y realizó las primeras mediciones publicadas de la presión arterial en el caballo.

Hipertensión diastólica aislada

Históricamente, el tratamiento de la llamada «enfermedad del pulso duro» consistía en reducir la cantidad de sangre mediante sangrías o la aplicación de sanguijuelas[1], algo que preconizaban El Emperador Amarillo de China, Cornelio Celso, Galeno e Hipócrates[1].
A finales del siglo XIX y a principios y mediados del XX, se utilizaron muchas terapias para tratar la hipertensión,[22][23] pero pocas eran eficaces,[24][23] y éstas eran mal toleradas[25][26] Las terapias utilizadas en ese periodo incluían la restricción estricta de sodio (por ejemplo, la dieta del arroz[1]),[27] la simpatectomía (ablación quirúrgica de partes del sistema nervioso simpático),[27] y la terapia con pirógenos (inyección de sustancias que provocaban fiebre, reduciendo indirectamente la presión arterial). [En 1900 se utilizó el primer producto químico para la hipertensión, el tiocianato de sodio, pero tenía muchos efectos secundarios[24] y no era popular[1] Otros tratamientos, como los barbitúricos, el bismuto y los bromuros, eran principalmente de apoyo más que terapéuticos. [Después de la Segunda Guerra Mundial se utilizaron otros fármacos, de los cuales los más populares y razonablemente eficaces fueron el cloruro de tetrametilamonio y su derivado el hexametonio[28]. También se utilizaron en la posguerra la hidralazina[29] y la reserpina (derivada de la planta medicinal Rauvolfia serpentina)[30].

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